HISTORIA Valerie Kabov Zim Pavilion

Tercera vez con suerte: el pabellón de Zimbabue en la 56a Bienal de Venecia

En medio de las calamidades y los problemas iniciales que han plagado otras presentaciones nacionales africanas, Zimbabwe ha emergido como un incondicional de la presencia africana en Venecia. Esto puede parecer sorprendente, dado el oprobio internacional y las dificultades económicas que enfrenta el país, pero nada sorprendente para quienes conocen la profundidad del talento artístico en el país. Valerie Kabov de Primer piso Galería Harare nos guía por el pabellón de Zimbabwe en la 56ª Bienal de Venecia.

HISTORIA Valerie Kabov Zim Pavilion

DE IZQUIERDA A DERECHA: Gareth Nyandoro, Zvikwedengu nezvinamira (revendedores), 2015. Técnica mixta (DETALLE); Chikonzero Chazunguza, Chimanjemenje 1, 2015. Impresión de Fabriano (DETALLE); Masimba Hwati, Tótems urbanos, 2015. Serigrafía sobre denim (DETALLE).

En medio de las calamidades y los problemas iniciales que han plagado otras presentaciones nacionales africanas, Zimbabwe ha emergido como un incondicional de la presencia africana en Venecia. Esto puede parecer sorprendente, dado el oprobio internacional y las dificultades económicas que enfrenta el país, pero nada sorprendente para quienes conocen la profundidad del talento artístico en el país. Aunque no es conocido por la extravagancia de otras naciones africanas, Zimbabwe ha realizado presentaciones que le han valido respeto, tanto por la coherencia como por la calidad del trabajo. Este tercer pabellón no es una excepción. A diferencia de Sudáfrica y Angola, que regresan al mismo lugar por tercera vez, el pabellón de Zimbabue ha creado un respiro y, de alguna manera, una sensación de hogar para la comunidad de artistas africanos en Venecia.

Como en años anteriores, la sede del pabellón estaba ubicada dentro de un edificio de oficinas detrás de Santa Maria della Pieta en el Gran Canal. Al igual que en ediciones anteriores, la presentación grupal en el espacio formal contemporáneo hace que la presentación se sienta más como una exposición de galería que como un pabellón en el sentido de espectáculo de gran éxito de los Giardini o los pabellones basados ​​en palacios. No obstante, se las arregla para defenderse.

El pabellón está compuesto por obras de tres artistas: Chiko Chazunguza, Gareth Nyanodoro y Masimba Hwati. Las obras de la exposición están unificadas por un toque ligero y una sensación casi mínima, con el blanco como fondo dominante y el 'gráfico' como estilo dominante en la mayoría de las obras, incluidas las piezas de vídeo de Chazunguza. Tanto Chazunguza como Hwati son más conocidos por sus trabajos escultóricos y de instalación y su salida de sus zonas de confort crea una sensación de desprendimiento y reflexión mesurados. Por el contrario, la salida de Nyandoro de su zona de confort es dejar la formalidad de un lienzo estirado y permitir que una pintura se convierta en una instalación. Juntos, nos traen la rumia y la meditación sobre las debilidades de la vida con una 'l' minúscula y la conciencia de la vida con una 'L' mayúscula, que es gran parte de la filosofía de Zimbabue, subrayada por Ubuntu en el título del pabellón.

Hwati Tótems urbanos toman el centro del escenario, recubren las paredes del pasaje central de la galería con retratos de Nyandoro, cada uno una interpretación en blanco y negro de una fotografía, el único color y diferencia en cada pieza es entregado por un parche circular con la marca - Google+, Yahoo! etc. - una alusión irónica tanto a la historia del retrato como a la pérdida del individualismo en la era del branding, las redes sociales y la tecnología. En dos de las salas laterales, 'La presencia del pasado' de Chazunguza es una oscilación entre el video en una sala y el trabajo impreso en la otra, cada una de las cuales nos proporciona viñetas dramatizadas de la vida de Zimbabue. La dicotomía en los medios subraya no solo el presente del artista, sino también el anhelo de un arte futuro y futuro que no carezca de la capacidad táctil, la paciencia y el compromiso con la naturaleza de los métodos tradicionales.

Sin embargo, con mucho, la oferta más destacada proviene de Nyandoro, quien nos entrega lienzos que se han descontrolado, dibujos que se convierten en pinturas y pinturas que se convierten en instalaciones. La obra es tanto una respuesta a un presente, que desafía cualquier medida de normalidad o convención, como una búsqueda para inventar un futuro, que puede ofrecer esperanza sin exigir el cumplimiento de la convención. Todo esto se logra, no con un martillo de expresionismo torturado, sino con subestimación y facilidad: elegante, ligero y poético.

Entonces, mientras que la prensa mundial está cegada con demasiada frecuencia por los estereotipos y los clichés del pasado político de Zimbabwe, en el mundo del arte, Zimbabwe traza con tranquilidad, calma y confianza un camino de estabilidad y autodeterminación, que es un paradigma para su futuro. y una contribución reflexiva a 'Todos los futuros del mundo'.

- Valerie Kabov