Minnette Vári

Galería Goodman | Johannesburgo

Minnette Vári, Quake, 2007, producción fijada a partir de una instalación de video digital, 3min La relación perturbada entre los paisajes internos de la psique y los reinos exteriores domina la última exhibición de Minnette Vári. El hecho de que ambos estados de existencia estén en un estado de cambio constante a medida que se ajustan e influyen mutuamente crea un diálogo dinámico, lo que resulta en un arte estimulante, aunque desconcertante. Yuxtaponiendo lo físico con lo psicológico, Vári presenta la asociación entre estos dos aspectos aparentemente conflictivos del ser no solo como interdependientes, sino que requiere una negociación constante. Este motivo conceptual se explora primero a través de una serie de autorretratos donde los estados mentales cambiantes de Vári son reflejado en las manifestaciones visuales inestables del yo. Aquí los rasgos faciales no son simplemente portadores de emoción, sino formas maleables que imitan las condiciones internas. Ningún autorretrato es idéntico; mientras que las características de Vári se pierden en pinceladas sueltas y económicas, otras muestran definición. Recordando imágenes de palomas descansando sobre estatuas en escenarios públicos, todos sus retratos muestran un pájaro posado en la coronilla de su cabeza. Esto permite a la artista enfatizar su postura física estacionaria, llamando así la atención sobre la fuente del movimiento, su estado de ánimo activo. No son solo las emociones fluctuantes las que moldean su exterior, sino una identidad cambiante. Donde un autorretrato transmite a una mujer grotesca marcada por una oleada destructiva de autodesprecio, otro irradia confianza, mostrando que Vári está atrayendo la atención de sus espectadores. Incluso hay un retrato cálido y acogedor realizado en seductores tonos ocres que irradian alegría. La identidad de Vári no es fija; ella es la suma de todos estos retratos. El pájaro no solo funciona como un dispositivo para contrastar el movimiento y la inmovilidad, sino que también evoca las respuestas irracionales y viscerales particulares de los animales. El hecho de que el pájaro siga siendo un elemento permanente y Vári parezca inseparable de él sugiere que este es un componente constante del yo que influye en sus experiencias de los reinos físicos y emocionales.La tinta, que tiene una sensación similar a la acuarela, es un medio apto para el yo. -retratos. Captura adecuadamente las representaciones de una identidad orgánica indistinta. Los autorretratos de Vári pueden caracterizarse por la confusión, pero uno no se queda con la impresión de que está articulando un espíritu inquieto que lucha por la certeza; más bien Vári sugiere que la inestabilidad o el movimiento definen la existencia. Una videoinstalación, Quake (2007) aborda el mismo tema pero desde la perspectiva opuesta. Aquí Vári se centra en el efecto de cambiar las condiciones físicas sobre la identidad. Los edificios pueden asociarse con la permanencia, pero Vári los presenta como estructuras impermanentes. Aquí sugiere que no hay constantes en el mundo físico. El paisaje urbano cambia constantemente a medida que los edificios se elevan, caen y mutan en un instante. Aunque los sujetos de Vári dan la espalda a esta ciudad mutante y están distanciados de ella, sus paisajes internos reflejan los cambios. Una vez más, Vári emplea un medio que apuntala su expresión. El video demuestra ser un vehículo adecuado para articular el poder que el reino material ejerce sobre la psique. La música y las imágenes, ambas ejecutadas con destreza, crean una mezcla potente que paraliza a los espectadores, enfatizando la influencia de las realidades físicas. Vigil (2007), también una instalación de video, ve la convergencia de los reinos internos y externos. Mientras que las criaturas de fantasía extraídas de la imaginación operan como marcadores de impulsos internos, los estados externos e internos del ser se integran casi a la perfección. En tal contexto, uno no puede identificar qué estado del ser tiene influencia sobre el otro. Y como tal, esta obra de arte se parece más a la relación real entre las condiciones exteriores e interiores. Por supuesto, para el espectador esto es una realización aterradora, porque ver Vigil es como estar atrapado en un frasco de vidrio que rueda a través de un entorno caótico y surrealista que no está situado en el espacio y el tiempo. El control no se puede ejercer en un entorno así. Vári ha tocado los temas que encarnan esta exposición antes y aunque en esta última exposición todavía está sopesando la dinámica de la compleja relación entre las realidades internas y externas, sus observaciones han cristalizado en un arte estimulante que se adentra en un territorio inexplorado.
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